Brecha salarial-Porque la precariedad tiene nombre de mujer

 

El mercado laboral es otro reflejo de la desigualdad de género que existe en nuestra sociedad, una de las formas en que se manifiesta dicha desigualdad es mediante la brecha salarial entre hombres y mujeres.
De la Encuesta de Estructura Salarial que elabora el Instituto Nacional de Estadística se extrae que las mujeres ganan un 22’5% menos de media al año que los hombres por un trabajo de igual valor. A este hecho hay que sumarle que el 76% de los contratos a tiempo parcial son de mujeres, lo que incide de forma negativa, aumentando la brecha salarial.

 

El hecho de que la parcialidad sea mayoritariamente femenina no es una simple cuestión de elección personal: es menos probable que te contraten a jornada completa si eres mujer y muchas mujeres se ven obligadas a optar directamente a este tipo de contratos para poder conciliar la vida laboral y los cuidados domésticos a los que se ven aún relegadas.

 

La brecha salarial por edad también viene determinada por el género; la diferencia de salario se acentúa a partir de la franja de edad comprendida entre los 30-34 años, aumentando entorno al 6%. Esta diferencia está ligada a la maternidad, que se traduce en un aumento de los contratos temporales o un período de inactividad laboral.

 

Otra variable que incide en la brecha salarial es la diferencia ocupacional por sectores de actividad y por puestos de trabajo. Las mujeres normalmente tienen mayor presencia en sectores relacionados con los cuidados (en los que la brecha salarial es del 11%), como pueden ser la educación o la sanidad, que aún disponiendo de una retribución superior a la media siguen sin llegar a las retribuciones de los sectores normalmente ocupados por los hombres (donde la brecha salarial es de mas del 30%). Del mismo modo los puestos de trabajo de altos cargos como directores y gerentes, que exceden en un 148,1% el salario medio, están ocupados mayoritariamente por hombres -sólo dos de cada diez los ocupan mujeres- lo que supone una discriminación a la hora de ascender dentro de la empresa y se traduce en un mayor aumento de la brecha salarial.

 

En definitiva, las diferencias de género no solo determinan un menor salario per sé, sino que además condicionan el resto de variables que inciden en la conformación del salario. No se trata únicamente de terminar con la discriminación puramente explícita, es decir, cobrar menos por el hecho de ser mujer, sino de eliminar todas aquellas construcciones sociales que determinan los procesos de discriminación de género.

 

Porque la precariedad tiene nombre de mujer, ¡para este 8 de marzo exigimos derechos, no flores!