La precariedad tiene nombre de mujer

Este 8 de marzo llega en una época de recortes sociales, supresión de derechos laborales, desmantelamiento de los servicios públicos, recorte de libertades, etc. y en mitad de todo este lío es frecuente escuchar ese argumento fácil de “la prioridad de las luchas”. Parece que, de nuevo, los “problemas de mujeres” son pecata minuta, una cuestión anecdótica de la que ya nos encargaremos luego.

Sin embargo, lo cierto es que este cuento ya dejamos de tragárnoslo hace tiempo. Las mujeres somos finalmente las primeras golpeadas por la crisis, porque somos el primer y el último eslabón de este sistema que se hunde. Incorporadas entre comillas a un mercado laboral feroz, en el que tuvimos que esconder lo que nos habían enseñado que éramos (madres, cuidadoras, pacientes, sumisas) pero que nos seguía exigiendo las mismas características en el espacio privado, nos vemos sumidas en la contradicción y la doble explotación.

 
El sistema capitalista continúa requiriendo de ese espacio privado al que se relega a las mujeres y en el que se mantiene la vida, pero olvida el trabajo que entraña y además problematiza el tener que realizarlo. Así, el hecho de que exista una brecha salarial del 22% entre hombres y mujeres, que las bajas por paternidad continúen siendo una anécdota o que el 77% de los contratos a tiempo parcial sean de mujeres, nos remite a un mercado laboral en el que aún queda mucho por hacer en materia de esa tan difamada igualdad.
 
Los recortes sociales recrudecen además esta situación, dado que la pérdida de derechos socializados como la educación de los niños y niñas, el cuidado de enfermos y la dependencia están siendo expropiados al común para ponerlos en venta y, en base a un modelo patriarcal no superado, se fuerza una vuelta al ámbito privado de todas estas áreas. 

Por ello, se hace necesario que dentro de una nueva carta de derechos sociales los derechos de cuidados no sean olvidados; una sociedad colaborativa necesita socializar los cuidados para repartirlos, al igual que el empleo y los beneficios empresariales.

El individualismo liberal oculta que partimos de discriminaciones y diferencias previas, y que sólo la colaboración y la producción en común nos permitirán acceder una sociedad libre en la que las oportunidades dependan de los deseos y las necesidades en lugar del género, la clase social o cualquier otra diferencia.
 
Por todo ello, como Oficina Precaria nos reconocemos en la lucha feminista y llamamos, hoy más que nunca, a celebrar este 8 de marzo en la calle, gritando por esos derechos que nos están arrebatando o que nunca conseguimos.  
¡Nos vemos a las 20:00h en la Plaza de Jacinto Benavente!
Porque la precariedad tiene nombre de mujer, ¡queremos derechos, no rosas!