Conciliación: ¿Tiene usted pensado quedarse embarazado?

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Esta escena nos resultaría divertida si la pregunta se hiciese a un hombre. Pero si cambiamos el género de la víctima, nos encontramos con una realidad escandalosamente frecuente.

La maternidad solo es un ejemplo: las mujeres dan a luz, pero el bebé tiene dos padres y, sin embargo, la conciliación entre la vida laboral y el trabajo de cuidados continúa siendo una preocupación que sigue recayendo casi en exclusiva sobre las mujeres.

El sistema productivo se fundamentó durante años en la división sexual clásica del trabajo, que adjudicaba a las mujeres los trabajos de cuidados invisibles -los “no-trabajos”- y a los hombres el espacio del trabajo reconocido como tal, el asalariado. Cuando las mujeres, gracias a años de lucha, consiguen ir introduciéndose poco a poco en el mercado laboral (por supuesto, no en igualdad de condiciones) ni el Estado ni el mercado asumen la responsabilidad de los cuidados. Esta sigue recayendo en los hogares y, dentro de ellos, en las mujeres.

Lejos del ideal de corresponsabilidad, los datos demuestran que hoy no solo siguen siendo las mujeres quienes realizan estas tareas, sino que la mayoría aún considera la conciliación un asunto que solo les incumbe a ellas. Así, del total de excedencias por cuidados de hijos e hijas, el 94% corresponden a mujeres. 

Además, según la encuesta del empleo del tiempo de empleo del INE actualizada en 2012, las mujeres dedican una media de 4 horas y media diarias al cuidado del hogar y familia, mientras que los hombres dedican a estas tareas 2 horas y media. A este dato hay que añadir que el 25% de los hombres no realizan ningún trabajo en el hogar, cifra que se reduce al 8% en el caso de las mujeres.

Los recortes llevados a cabo por el gobierno en los últimos años están agravando aun más esta situación. La eliminación de la partida para la Ley de Dependencia, la congelación de la posibilidad de ampliar el permiso de paternidad y la eliminación del programa Educa3 -programa para la dotación de plazas de cero a tres años- son medidas con un claro cariz ideológico, cuya intención es reforzar el rol tradicional de las mujeres como madres y cuidadoras.

El actual sistema económico  se sustenta sobre la red de trabajos invisibles y no remunerados que realizan las mujeres. Mientras ese trabajo sea invisibilizado y realizado exclusivamente por mujeres, sin la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad, de manera que sean suficientemente largos, iguales, intransferibles y remunerados al 100%, estaremos lejos de la tan proclamada igualdad.

Las recetas de “trabajar más y cobrar menos” que ya se están aplicando en nuestro país (sobre todo desde la reforma laboral de 2012) solo incrementarán la precarización de las condiciones de vida de las mujeres, ya que que las jornadas laborales con horarios maratonianos dificultan la corresponsabilidad real. El reparto del trabajo en general, el reparto del empleo y la socialización de los cuidados deben ser, por tanto, uno de los ejes centrales en la lucha de todas aquellas organizaciones políticas, sociales y sindicales que consideren la igualdad entre hombre y mujeres una cuestión importante.