La brecha salarial

El mercado laboral es otro reflejo de la desigualdad de género que existe en nuestra sociedad, que se manifiesta, entre otras cosas,  mediante la brecha salarial entre hombres y mujeres.

De la Encuesta de Estructura Salarial que elabora el Instituto Nacional de Estadística se extrae que las mujeres ganan un 22’5% menos de media al año que los hombres por un trabajo de igual valor. A este dato hay que sumar que el 80% de los contratos a tiempo parcial son de mujeres, lo que aumenta la brecha salarial.

El hecho de que la parcialidad sea mayoritariamente femenina no es una simple cuestión de elección personal: es menos probable que te contraten a jornada completa si eres mujer y muchas mujeres se ven obligadas a optar directamente por este tipo de contratos para poder conciliar la vida laboral y los cuidados domésticos a los que se ven aún relegadas casi todas las mujeres.

La brecha salarial por edad también viene determinada por el género; la diferencia de salario se acentúa a partir de la franja de edad comprendida entre los 30-34 años, aumentando en torno al 6%. Esta diferencia está ligada a la maternidad, que se traduce en un aumento de los contratos temporales o un período de inactividad laboral.

Otra variable que incide en la brecha salarial es la diferencia ocupacional por sectores de actividad y por puestos de trabajo. Las mujeres normalmente tienen mayor presencia en sectores relacionados con los cuidados (en los que la brecha salarial es del 11%), como la educación o la sanidad, que aun disponiendo de una retribución superior a la media siguen sin llegar a las retribuciones de los sectores normalmente ocupados por los hombres (en los que la brecha salarial es de más del 30%). Del mismo modo, los puestos de trabajo de altos cargos como directores y gerentes, que exceden en un 148,1% el salario medio, están casi exclusivamente por hombres -solo dos de cada diez altos cargos son mujeres- lo que supone una discriminación a la hora de ascender dentro de la empresa y se traduce en un mayor aumento de la brecha salarial.

En definitiva, la diferencia de género no solo determina un menor salario por sí sola, sino que además condiciona el resto de variables que inciden en la conformación del salario. No se trata únicamente de terminar con la discriminación directa, es decir, la que consiste en pagar menos a las mujeres que a los hombres por el mismo trabajo, sino de eliminar todas aquellas construcciones sociales que determinan los procesos de discriminación de género.

Mientras nuestra sociedad y el sistema productivo continúen invisibilizando y asignando a las mujeres “de manera natural” el trabajo de cuidados y de sostenimiento de la vida, las dobles y triples cargas a las que tienen que enfrentarse continuarán olvidadas. Este plan de explotación patriarcal, que carga en las mujeres un trabajo fundamental para la reproducción social, es incompatible con una liberación radical y definitiva de las mujeres como trabajadoras.