Techo de cristal y suelo pegajoso

Techo de cristal

El llamado “techo de cristal” es un fenómeno especialmente incómodo para gran parte de la sociedad. Los datos demuestran que existe, pero reconocer las razones por las que aún es tan escandaloso no es nada fácil si continúa negándose lo evidente: que el sexismo forma parte de la estructura de nuestra sociedad y que se expresa con especial fuerza cuando nos encontramos en medio de juegos de poder. Pero antes de nada, veamos unos cuantos datos. Según el Instituto Nacional de Estadística:

En 2009 el porcentaje de mujeres en el conjunto de Consejos de Administración de las empresas que forman parte del Ibex 35 era del 10,3%, y sólo un 2,9% se encuentran en las Presidencias y un 7,8% en las Vicepresidencias.

En 2010 el número de graduadas en educación superior superaba el 60%, sin embargo, el porcentaje de catedráticas en las universidades españolas se reduce al 15%.

En 2010 el porcentaje de mujeres en el conjunto de Reales Academias era del 9,6%, y sólo en dos Reales Academias, Farmacia e Historia, se supera el 10% (con un 13,1% y 13,2% respectivamente). El extremo lo encontramos en la Real Academia de Medicina donde, a pesar de la feminización existente en los estudios de esta rama, la presencia femenina en la Academia es tan solo del 2,1%.

En 2012, el porcentaje de mujeres en altos cargos de la Administración General del Estado era del 31%.

Para explicar esta barrera invisible que aleja sistemáticamente a las mujeres de los puestos de responsabilidad y poder hay que atender a varios factores. Las causas de este estancamiento provienen en su mayoría de los prejuicios empresariales sobre la capacidad de las mujeres para desempeñar puestos de responsabilidad, así como del hecho de que su disponibilidad laboral se concibe ligada a la maternidad y a las responsabilidades familiares y domésticas. Es decir, junto a la metáfora del “techo de cristal” hemos de concebir otra imagen, la de un “suelo pegajoso” que nos habla de nuevo de las cargas asociadas aún a día de hoy a las mujeres trabajadoras. Estas, a pesar de haber ingresado en el mundo laboral, no lo han hecho en igualdad de condiciones, pues arrastran consigo las exigencias de todo un ámbito, el de los cuidados, al que se las sigue relegando y del que sus compañeros varones continúan sin hacerse cargo.