¿Quién quiere trabajar en las Rozas Village?

(Este texto es la experiencia personal que una joven precaria, que vive en Madrid, nos ha hecho llegar. Creemos fundamental difundirlo y hacernos eco de la realidad que enmascaran estos procesos masivos de selección de personal)

¿QUIÉN QUIERE TRABAJAR EN LAS ROZAS VILLAGE?

Esta pregunta no es más que un simple chiste que se me ocurrió debido a que la estampa que me encontré aquella mañana era más digna de un casting para cualquier programa chorra de televisión que de lo que realmente se trataba, entrevistas para cubrir 150 puestos de trabajo.

Después de meses buscando trabajo en Madrid, un antiguo compañero de curro me comentó que el 6 de mayo se iba a realizar un proceso de selección para cubrir bastantes puestos en las Rozas Village.

foto las rozas village
Al llegar a casa busqué información para confirmar que era cierto y, efectivamente, la noticia aparecía en todos los medios de la semana pasada y principios de ésta: Las Rozas Village, un año más, en mayo iba a realizar entrevistas para cubrir 150 puestos del sector retail (venta al detalle).

De entrada ya me pareció, cuando menos, sospechoso; ya que si este tipo de reclutamiento de personal lo hacen cada año, lo lógico es que, si esas vacantes quedan libres, o bien han echado a los 150 que cogieron el año pasado, o bien, voluntariamente, 150 personas han decidido marcharse en un momento en el que encontrar trabajo se convierte en deporte de riesgo.foto2 las rozas village

Pero bueno, sabiendo que se iban a realizar entrevistas y no teniendo otra alternativa ocupacional, me dirigí el martes a las siete de la mañana hacia las Rozas currículum en mano.

‘Después de esperar una cola de hora y media (si habías tenido la suerte de aparecer allí a las ocho de la mañana), una chica muy amablemente nos hizo pasar en grupos de 50 personas a la primera fase de la entrevista.

La entrevista se dividía en tres fases, si tu segundo idioma era inglés o francés, o cuatro si además tenías un buen nivel de ruso, árabe o chino:

1ª Fase.  Un par de personas enchaquetadas se leían tu CV y a continuación ponían una letra en la esquina superior derecha, que venía a ser algo así como una nota a ojo. Después te daban una hoja que tenías que firmar, en la que se explicitaba que la empresa de recursos humanos encargada del proceso de selección no se hacía responsable de que las marcas no cubriesen los puesto de trabajo. Me pareció que se trataba de una broma de mal gusto, ya que evidentemente este tipo de información no podías encontrarla en ningún medio de los que publicó la noticia.

Una vez firmada la hoja en la que aceptabas formar parte de la base de datos de la empresa te sentaban en una especie de recepción a esperar a la segunda fase, mientras Espejo Público grababa en directo cómo miles de personas se agolpaban a las puertas del centro comercial.

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2ª Fase.  Tour por las Rozas Village. En esta fase la entrevista se convierte en una especie de gymkana que consistía en recorrerse todo el bulevar hasta llegar a una sala en la que te encontrabas con el conocido juego de la silla. Así es, mientras distintas personas salían de detrás de una mampara diciendo letras al azar, tú tenías que ir avanzando ridículamente hacia tu derecha cada vez que se quedaba un hueco libre. Una vez pronunciaban tu letra, te daban una especie de examen tipo test para demostrar que era cierto el nivel de idiomas que acreditabas.

 

3ª Fase. Entrevista personalizada. Después del test volvían a sentarte en la sala a la espera de que alguien saliese y dijese tu letra de nuevo. Ese momento era crucial, ya era la última fase y podías ver la desesperación en cada una de las personas que me acompañaban. A mi derecha, un señor de unos cincuenta años, con un CV impresionante, que había trabajado en grandes empresas en EEUU y en Inglaterra, nativo en inglés y francés y además hablaba chino y ruso. A mi izquierda, una señora que bien podría ser mi madre, con un CV no menos extenso que el del señor, pero no con tanta preparación.

El panorama era triste cuando menos; pero eso sí, las personas que te acompañaban en cada fase, que podrían ser perfectamente monitores de crucero, te hacían la espera mucho más amena.

Finalmente te entrevistaban, la entrevista no era muy dispar de las que te suelen hacer en la gran mayoría de los trabajos mal pagados. Un apretón de mano de despedida y mucha suerte.

Lo peor de todo es que espero que me llamen.