Tras 100 años, el futuro del cooperativismo está en el 2.0

El pasado sábado, en plena agitación por la celebración de las manifestaciones y festividades del Orgullo Gay, se celebró también el día internacional de las cooperativas. Hace 110 años nacía en Londres la Alianza Cooperativa Internacional (ACI),  la federación de cooperativas que hoy representa  a 272 federaciones y organizaciones de cooperativas en 94 países. La ACI se fundó con el objetivo de extender los principios cooperativos puestos en marcha por Los Pioneros de Rochdale, la cooperativa de consumo inglesa precursora de las cooperativas modernas. Estos principios son la adhesión voluntaria y abierta, la gestión democrática, la participación económica de los socios en función de sus operaciones con la cooperativa y el compromiso con la educación, la cooperación con otras cooperativas y con la comunidad.

Desde los tiempos de Rochdale y la creación de la ACI el modelo productivo ha sufrido cambios sustanciales a nivel mundial, pasando de una sociedad industrial a una sociedad del conocimiento, especialmente en los países del centro del sistema capitalista. Pese a mantenerse fuertes a nivel mundial en sectores agrícolas, seguros, alimentación e industria, las cooperativas aún no han  encontrado un encaje dentro los sectores punteros del nuevo paradigma productivo.

cooperativassEl modelo cooperativo ha demostrado tener enormes ventajas respecto a las empresas capitalistas en varios aspectos. A nivel social favorecen el desarrollo endógeno, frente a la tendencia a la deslocalización empresarial propia de la globalización, mientras que a nivel de gestión introducen  trabajadores y usuarios en el proceso de toma de decisiones. Sin embargo, este segundo aspecto ha sido integrado por las empresas capitalistas dándole una trascendencia mucho mayor.

Con el desarrollo del management moderno durante la segunda mitad del siglo XX, las empresas capitalistas se dieron cuenta de la importancia de tener a trabajadores motivados dispuestos a innovar y a crear dentro de la propia empresa y a darle al cliente un papel prioritario, desarrollando técnicas de marketing centradas en detectar y crear nuevas necesidades en la sociedad.

Las grandes empresas comenzaron a implementar procesos de empoderamiento de trabajadores y los consumidores como actores con información clave en todos los niveles de producción. Lo curioso es que este modelo de gestión, implementado por las grandes empresas de capitales, se desarrolló en menor medida en las empresas cooperativas pese a que en teoría cuentan con una estructura de toma de decisiones más proclive a la incorporación de este tipo de procesos.

Con la economía digital y la economía colaborativa está ocurriendo algo análogo a lo que ocurrió con las técnicas de management. Pese a tratarse de actividades que dependen fudamentalmente de la colaboración entre individuos mediada por una herramienta virtual, las plataformas que realizan esta mediación son de propiedad privada. Habitualmente empiezan siendo propiedad de unos pocos jóvenes emprendedores, pero en algún momento acaban teniendo que ceder la un parte, sino la totalidad, de la propiedad a cambio de financiación.

Sería muy fácil de concebir la gestión de estas herramientas de otra forma, como una mutualidad en la que los usuarios fueran socios y a la vez propietarios de la empresa, pudiendo beneficiarse de los excedentes que produjera la misma. Y el sector público tiene mucho que decir en este ámbito, ya que la gran cantidad de datos que se manejan en este tipo de aplicaciones puede ser de mucha utilidad para el desarrollo de todo tipo de infraestructuras

En los últimos tiempos proliferan fórmulas de propiedad empresarial a caballo entre las sociedades tradicionales y las cooperativas que se extienden y que apuntan hacia posibilidades de sistemas de propiedad distribuid y coparticipación, como las fórmulas de financiación participativa a través de Internet.  Estas fórmulas son posibles gracias a las posibilidades de interacción y comunicación multidireccional que ofrecen las tecnologías de la comunicación

Hay casos de cooperativas como la catalana Som Energia que han sabido sacar partido a las sinergias del modelo cooperativo y las nuevas tecnologías. Esta cooperativa de consumo de energía, con un alto componente ecológico, utiliza Internet como plataforma de captación de clientes y permite la participación en las asambleas de socios a  través de la web.

Los valores cooperativos tienen que representar una papel fundamental dentro del nuevo modelo productivo, pero para ello los emprendedores y los organismos públicos tienen aún que saber aprovechar las ventajas que tiene este tipo de empresas para adaptarse a la economía del conocimiento. Si las cooperativas como la de Rochdale fueron  durante el siglo XIX una herramienta de resistencia de los trabajadores frente a las desigualdades propias del capitalismo industrial, las nuevas cooperativas deben ser herramientas que permitan paliar y superar las injusticias derivadas del capitalismo financiero y cognitivo.

Segundo González, colaborador de la Oficina Precaria y responsable de Finanzas y Transparencia del Consejo Ciudadano de Podemos