Informe #CientíficasPrecarias: Casi la mitad ha sufrido discriminación en el trabajo

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Efectivamente, pese a que ciencia es un sustantivo femenino, en la realidad parece ser cosa de hombres.

Hace exactamente un mes, anunciábamos el lanzamiento de un formulario sobre la situación de la mujer en la ciencia para conocer más sobre la complicada situación de las científicas por partida doble, como científica y como mujer. El resultado, tras haber sido rellenado este formulario por mujeres científicas de muy distintos ámbitos y rangos de edad (con más de 300 participantes) confirma las sospechas que ya teníamos sobre el sector. Los resultados nos han servido para elaborar este informe y publicarlo en la semana del 8 de Marzo, día de la mujer trabajadora.

Casi la mitad de las mujeres científicas participantes reconoce haber sufrido discriminación en el trabajo

  • El porcentaje sube hasta el 60,80% si la pregunta es si ha presenciado discriminación a sus compañeras
  • El 55,8% se ha planteado abandonar la carrera científica por la imposibilidad de conciliar, las precarias condiciones laborales o el machismo estructural del sector

Casi la mitad de las científicas reconoce haber sufrido discriminación en el trabajo. Esta es una de las principales consecuencias que se extrae del informe elaborado por la Oficina Precaria tras realizar más de 300 encuestas a mujeres científicas e investigadoras en el marco de su campaña #CientíficasPrecarias. Concretamente, el 44,85% asegura haber sido víctima de discriminación por el simple hecho de ser mujer, un porcentaje que sube hasta el 60,80% si la pregunta es si ha presenciado discriminación a compañeras en el trabajo. Unos datos que sugieren que somos más conscientes de la discriminación cuando le sucede a otra persona que reconocerla en primera persona.

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Entre las discriminaciones más señaladas por las mujeres encuestadas, tanto sufridas como vistas, se encuentran la minusvaloración de sus capacidades profesionales por parte de hombres de su equipo, asignación de tareas diferenciadas a las de los hombres, comentarios o bromas por su aspecto físico y la ausencia de políticas de conciliación laboral y familiar (incluimos aquí, como no, la clásica advertencia sobre quedarte embarazada / preguntas de índole personal del tipo ¿tienes novio?, que se han reflejado en un número alarmante entre las encuestadas).

De los datos recogidos también se puede resaltar que, pese a que casi la mitad de los equipos de investigación están formados por una mayoría de mujeres, el 67,92% de las encuestadas había tenido un jefe hombre en su último trabajo.

Estas cifras reflejan cómo, en un sector en que las bases se componen por una mayoría de mujeres, los cargos de responsabilidad son ocupados por hombres en una gran mayoría de casos (casi tres de cada cuatro casos, entre las encuestadas).

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Las investigadoras soportan la precariedad ya desde el momento en que se vinculan con las entidades de investigación (en una abrumadora mayoría entidades del sector público), y es que, según los datos analizados, el 45,11% de las encuestadas investigan a través de una beca de formación o predoctoral, con la consiguiente merma de derechos laborales, como la no cotización para el desempleo y una remuneración inferior a la que les corresponde. Sin embargo, la precariedad e inestabilidad también alcanzan a quienes tienen un contrato de trabajo: solo en un 15,13% de las veces es indefinido. Becas y contratos temporales hacen que el 91,99% de las científicas tengan empleos con fecha de caducidad.

Todo este conjunto de factores ha hecho que más de la mitad (55,8% de las encuestadas) se haya planteado abandonar la carrera científica en algún momento. ¿Entre los motivos? La imposibilidad de conciliar la vida personal y familiar (que se agrava ante una posible maternidad); las precarias condiciones laborales; escasas posibilidades de desarrollo profesional; la necesidad de movilidad geográfica en muchos casos y la rigidez y el machismo estructural del sector científico.

Pese a todo, parece que hay posibilidades de cambio. Así, las encuestadas proponen vías para reducir la discriminación de la mujer en la ciencia. Más de un tercio de las científicas reclama la necesidad de una mayor conciliación entre la vida laboral y familiar, haciendo hincapié en la actual penalización que supone la paralización de la carrera por el periodo de maternidad o crianza. Muchas proponen igualar las bajas de maternidad y paternidad y hacerlas obligatorias para ambas partes así como flexibilizar de horarios y promover la creación de escuelas infantiles en universidades públicas.

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Junto a la conciliación, también apuntan para reducir la discriminación a una mejor educación en igualdad que incentive también a las niñas a optar por la carrera científica; y una mayor visibilización (que consideramos muy necesaria para enfrentar los problemas de machismo estructural del sector) del papel de la mujer en la ciencia.